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12 de noviembre de 2005

7 minificciones suecas en siete días: parte XXIX

Como estamos muy arriba del planeta estamos un poco tilteados por eso del axis. El sol parece que va de ladito. Nunca hacia arriba, nunca sabría las doce con mirar el sol aquí. La iluminación de éste trae colores de pastel por las tardes de Noviembre. Una luz débil amarilla, una luz que tiña rojo rosa el ambiente. Hay muchas nubes. Si uno alza la mirada uno puede ver de cercas las nubes. Corren bajito. El aire es frío, lo suficiente como para no sentirse demasiado aventurero, no, este frío, a pesar del clima tmepladito, no se anda con mamadas, ya empieza a calar una madre. Se quita uno el sueter y el frío hace de las suyas en 5 minutes. Los pájaros se miran por manadas, los canadian geese ya vuelan. En forma de V hacia el sur, climas más cálidos. La parvada de hurracas negras dan su vuelo a las 3. Cubren no solo las nubes que van de paso con su presencia sino los oidos de los que pasan caminando. Un ritual que no comprendo. Se mira una que otra mosca aún. El gris llena el alma, llega la melancolía.

La nieve no tardará en cubrir el pasto de blanco aunque las mañanas aún amanecen sudadas. Lo que un grado hace, son días de engaño, de diferencia. Una que otra planta se deja burlar, brota el intento, se arriesgan a florecer ante el inminente cambio, procuran ser. A las cuatro oscurece, ya son las 4:09 y la sombra de una noche más corre a querer alcanzar las últimas luces de lo que fue hoy, aún es hoy, pero hoy, por alguna razón, la luz significó más. Dan ganas de ir a rolarse, a dormir. En la cocina escuché unas palabras Someone take these dreams away / That point me to another day

Salgo a caminar, es un consuelo que no me explico, es una necesidad que me devuelve la paz, será el frío, ¿será que aprecio más los días sin calor?

Hoy se cumplen 7 meses que Erika no está de mi lado. Aún no me explico cómo es que se fue. Es lo malo de conocer a las personas por dentro. Hacerles el amor a sus almas, a su ser. Se mueren pero dejan algo detrás de sí, por mucho tiempo. Me toca con la mirada del cuervo negro perchado en la chimenea que vio noches de amor bajo las brasas de Enero, con en el ruido de los pajarillos que pelean una lombríz, en el aire que acaricia mi cara, con los colores de noviembre.