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29 de noviembre de 2003

Nobel de Literatura: Sankta Lucia



Cuando venga John Maxwell Coetzee a recibir su premio, una de las clásicas rutinas que el resto del mundo no se percata viene ya de hace antaño haciéndose parte del premio nobel, y eso es ser recibido por un grupo de jovencitas cantando, con velitas en manos, una procesión que los suecos tienen como parte de su costumbres navideñas y que se llama en sueco Lucia, caminan vestidas en una especie de bata blanca larga y la Lucia lleva una corona de velas en la cabeza que la hace sudar de pocas ¿eh? aparte de que la cera se les va cayendo al cabello al paso que las velas se van consumiendo, caminan super despacio por este motivo lo cual hace que la procesión adquiera una aura de monaguillos en pleno aire, pero adentro de casas, edificios etc. Cada año, pueblo, ciudad, tiene candidatas a ser la Lucia, y el pueblo las elige. Entran cantando la canción que se llama Santa Lucia, y la tradición indica que el nobel estará en cama aún cuando este grupito de gente entre cantando Santa Lucia.

Esto me vino a mente porque Logovo y Rafadro sostuvieron un intercambio de mensajes sobre pre-posadas bloguitas el martes, noviembre 25, 2003 y me hizo acordarme que hace años no paso unas posadas como bien ha hecho Dios a hacer, serán como unos siete años de perdis que el olor de un champurrado haya cruzado mis orificios nasales y un tamal de piña con pasas haya tocado mi paladar ya entristecido de por si por la ausencia de buñuelos y buena capirotada.

A los suecos les da por galletitas de canela y una especie de rompope ligerón y lo que yo llamaría ponche, además este rito tiene el simbolismo de celebrar el solsticio de invierno o sea, la noche más oscura del calendario sueco coincide con esta procesión y da la bienvenida a días más luminosos, pero antes no era así, antes la noche de Lucia era una noche de miedo. Se creía que espíritus malos lo podrían poseer a uno y por eso la gente se mantenía adentro de sus casas, la noche era oscura y mágica, y se creía que los animales hablaban. A diferencia de nuestras posadas donde el miedo es recordar con tristeza el rechazo de la gente a recibir a José y María.

Así están las cosas de este lado del charco hoy ....