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23 de marzo de 2006

tjxicano

Leyendo a mis contricantes sobre el significado que Aztlán, Chicanos, pochos, Xicanos y Mexican-Americans tiene en la ciudad fronteriza de Tijuana sobresale, aparte del rechazo que deja ver su desprecio hacia esta cultura que brinda un puente entre México y los EEUU, que no hay más conocimiento hacía ella que el odio que el costumbrismo utiliza para generalizar asuntos que no se entienden del todo.

Ante todo la idea que se tiene que no es cultura y que no hay cabida entre dos culturas como la mexicana y la gabacha (decir Norteamericana significaría que México está incluido porque México está en Norteamerica) siendo que los xicanos no han sabido más que caminar sobre puentes para evitar el desprecio que estas culturas demuestran a la cultura de Aztlán.

Aquí lo obvio es ver como los monolingüistas implimentan su uni-mundo a un concepto tan complejo como lo es Aztlán.

Sienten tristeza, pena, al vernos. Creen que ser bilingüe significa traición, “no es de aquí”; la sola idea de vivir otra cultura aparte de la mexicana es inimaginable para un mexicano mestizo, se torna exótico, raro, extraño, lo Otro (por eso abundan frases en nuestro vocabulario como “medio gabacho, pocho, agringado, sold out, agabachado”).

El xicano o la xicana no sólo tiene que caminar en medio de estas dos culturas sino que también tiene que aprender a vivir entre ellas, en un constante ir y venir.

Sí, no sabemos que hacer cuando se nos ridiculiza por sacar a flote ciertos comportamientos mexicanos en entornos gabachos y ciertos comportamientos gabachos en entornos mexicanos. Se jactan, se burlan, nos dejan ver que el rey ¡esta encuerado! Así como Eva y Adam, como cuando el mundo empezó. La vergüenza que después se torna en sorna porque eso sí nos hacen ver, dizque traición porque no sabemos que hacer (una experiencia dolorosa para todo xicana/o es saber canalizar correctamente este tipo de emociones)

No es vergüenza, si no dolor de rechazo, de que no lo acepten a uno como uno es.

Somos obervadores, por naturaleza, de nuestros entornos.

Cuestionamos el medio ambiente que nos rodea y no somos pasivos ni dóciles ni sumisos como las culturas monolingües mexicanas y gabachas porque anseamos tanto hacernos pasar como nativos que miramos bajo el microscopio cada comportamiento para luego implementarlo en su entorno.

En ese aspecto hasta científicos somos porque es de nuestro primordial menester las culturas que nuestras madres, nuestros padres, nos han dado. Así que ignorantes no somos, es una mentira decir que no sabemos ni una ni la otra cultura. Sí, sabemos y sabemos dos. Lo que les da rabia a estos lectores es que somos libres de elegir entre estas dos culturas mientrás ellos no alcanzan a comprender ni la ciudad en que viven

So tenemos que saber quienes son ustedes para poder ser nosotros mismos. No vivimos como días rutinos, ni cotidianos sino investigamos.

Lo curioso es que ustedes nos piden a nosotros siempre una especie de lealtad, que si este país, que si este otro.

Muchas veces les seguimos el rollo, pero no porque seamos más leales a un país que el otro, lo que no comprenden es que amamos nuestras culturas, ambas y por eso nunca bajamos la guardia, sabemos que saben de nuestra doble naturaleza pero no saben ponerlo en palabras, mas nosotros sí, por eso vemos desda la esquina del ojo, balanceando la nave en que navegamos entre ustedes.

Simplemente, no saben que hacer con nosotros, pero nosotros sí sabemos que hacer con ustedes.

Esto sucede en Tijuana en menores o mayores grados.

Porque nos hacen elegir, nos hacen ver que esto u lo otro nos es “mexicano”.

Se da una lucha cultural de baja intensidad, en casa principalmente.

Quizá sea la música la que más revela este fenómeno cultural porque nuestros padres (por lo menos los de mi generación y no tengo porque dudar que esto no suceda todavía en Tijuana porque los Tijuanenses somos una minoría) nos echan en cara lo diferente que se es en Tijuana.

El estandard que se le presenta al tijuanense es superior al ideal mexicano. Lo mexicano se vende en la Ave Revolución. Los sarapes, los cochinitos de yeso, las figuras de aztecas, la virgen de Guadalupe, se vende una ilusión de lo que se cree es México ¿así que qué imagen se les da a los nativos de la cultura mexicana de Tijuana cuando todo lo divertido se da en la ave. Revolución? Lo hermoso es lo gabacho, la música es mejor en inglés, la mejor televisión viene de California.

La mayoria de la juventud Tijuanense no crece prefiriendo Radio Ranchito, se da después, ya de grandes. Elejimos eso por nostalgia, si, hay elección en la cultura, en Tijuana también vivimos un mexicanismo fabricado como el xicano estadunidense tiene romantizado a México. Por eso hay broncas lingüísticas. Nos dicen esto es lo correcto, esto es lo bueno, lo tuyo es lo malo. Por eso la ropa también es diferente, nos vestimos claramente diferentes: amexicano. Comemos y preferimos comestibles diferentes, cosas amexicanas.

Por eso y más Tijuana es Aztlán también.


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