25 de diciembre de 2005

El color del marxismo de H. Yépez

Hasta que no estuve en el claustro supremo que todo vago tijuanense pisa de vez en cuando, ya sea por infringir pedazos de legislación sociales o porque le pusieron un cuatro, leí la biblia. En ese monasterio aprendí la Palabra. Mas como soy de Tijuana no podía quedar a gusto sabiendo la historia de un lado, es mi naturaleza querer saber la historia de ambos bandos. So cuando leí la biblia protestante, King James, desde el viejo testamento hasta el nuevo testamento, me entró la curiosidad por saber sobre la biblia que la iglesia, a la cual mi familia pertenecía, tenía qué decir al respecto. Fue la primera vez que tuve una biblia católica en mis manos. Descubrí que la biblia católica tiene más libros que la de King James. Por ejemplo, en la biblia de King James no existe el libro de Tobías.




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Quizá fue mucho más después, después del consuelo que unas letras en un libro suelen producir, que cuestioné la labor del Señor. Quizá no fue hace mucho pero el caso es que me di cuenta de algo terrible: la Biblia ha sido instrumento para la ideología y la matanza, es por eso mismo que esta mañana pensaba que los israelitas, a pesar de gozar de una cultura milenaria, con leyes y todo no aprende de la historia, no aprendieron a dar la otra mejilla o quizá se cansaron de ello. El caso va a que, por lo menos a mí, me han mostrado que son igual de bestias que el resto de la humanidad. La biblia pues es un instrumento de muerte que ha causado muchas desgracias, muchos crímenes y muchos actos imperdonables que ni el Dios judío podría lograr tocarse el corazón por ello, lo que han hecho bajo el nombre de Yahev.

Es por eso que tampoco comprendo a los que se declaran marxistas. El marxismo hizo en menos de 90 años lo que la biblia hizo en mil años: destrucción, muerte y sangre a raudales a millones y millones de seres humanos. Millones han muerto por las ideas de un hombre cuyo sueño ha sido tergirvisado. Millones aún sufren las heridas de Marx. Y sus compinches, como los compinches de la biblia, siguen libres, disfrutando de la vista de mariposas en la Primavera.

El marxismo es sangre, no es una ideología, el marxismo es muerte para millones de persones y un terrible terror inigualable. Creo que los que se declaran marxistas no comprenden lo atroz que ha significado para otros que en el Ocidente intelectualillos peseteros apoyen ideas como las de Marx.

El marxismo en México no ha significado mas que desgracia y muerte para muchos mexicanos. El marxismo, como la biblia, ha sido utilizado para avanzar ideas de limpieza étnica y aprovecharse de la mentalidad colectiva de muchos de nuestros paisanos cuyas raíces son milenarias en tierra azteca. En el resto de Latino América también, así que sentir orgullo por el marxismo es sentir orgullo por la opresión que miles han sentido en carne propia y cuyas vidas fueron sacrificadas para implementar un colectivo imposible.

Que alguien se declare por estos días como marxista es declararse complice de crímenes horrorendos sin par alguna. Así como los judíos de Israel, así como los cristianos son complices del silencio, de callar la muerte que sus ideas han causado en otros, los marxistas son culpables de callar, de otorgar permisión de muerte.

El color del marxismo de H. Yépez es color de sangre, color de tortura, color de muerte.


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