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26 de febrero de 2004

Media hora mientrás

Subí a un tren para ir a un pueblo a media hora de otro pueblo que está a media hora de mi pueblo al cual tuve que subirme a un bus que tiene una parada obligatoria a cierta distancia a pie de mi casa para llegar a él mas no sin antes haber esperado un rato mientrás platicaba con una señora sobre el invierno, su perro, y mi carrera académica para colmar su curiosidad sobre mis quehaceres.

(...)

Pensé en sólo ver el lago Vättern y la cordillera de montañas que se divisaban en el fondo atravéz de la ventana del tren local #7223 de la compañia Vättertåg mientrás que esperaba que el tren saliera del pueblo a donde fui. Filosofié, y me entró la curiosidad otra vez, esa vieja noción mia de preguntarme sobre mis ojos y lo que ven en sus alrededores, bajo el silencio de ya saber de lo que estoy hablando sin la necesidad de ponerlo en palabras de que si no es posible que todo fuera el simple velo de una ilusión, pero después arrancó el tren, y el paisaje se empezó a mover como en las peliculas: rodó. Entró mucha gente al vagón y miré, mientrás entraban, las caderas de varias mujeres al tiempo que caminaban buscando un asiento para sentarse aprovechando pues la ocasión como un acto común, rutino y cotidiano. Un simple acto de deleite que me emocionaba si veía las caderas ideales que mis fantasias eróticas soñaban en tener. Escuchabá al mismo tiempo conversaciones ajenas en medio de la cacofonía urbana al cual no presté mucha atención, pero si mucha a la joven estudiante de universidad que pasó por la pasarela a la que prestaba atención y la cual tenía un levi's cuyo trasero mostraba un lado roto de buena anchura. La carne blanca de la nalga derecha se dejaba ver, de seguro, pensé entre mis pensamientos privados, a de estár usanda tangas. Y se me hizo curioso, ya pasada la observación sexual que me llamó tanto la atención, como es que mis ojos y el paisaje que ven si tan sólo es una tela delgada, como en los sueños, que quieres agarrar algo y sabes que ahí está pero no puedes, si tan sólo es una ilusión. A lo lejos detecté carros pasando, se movían rápido pero alcanzé a ver que eran automóviles, moviendose abajo de la cordillera, cerca del ancho lago que mis ojos veían desde mi ventana del tren.

(...)

Sudé, sudé a pesar que todo está nevado y con frío. El sudor me corría por la frente y la nuca con hartas gotas que dejaban las palmas de mi mano mojadas, fue una carrerita en vano pues yo pensé que el tren salía a la hora que creí era la hora de la partida pero no, tenía amplio tiempo sin saberlo y el buen tramo que corrí con el miedo de que el tren arrancará sin mi me hizo sudar en cuanto tomé un asiento en el interior del tren. Mi camisa interior blanca sin mangas, mi camisa color aceituna, mi sueter sin cuello de lana grisnegro, mi bufanda azulgrisverde oscura y mi chamarra de piel negra me hicieron sudar y sentí un calor pulsandome dentro de mi mientrás que la calefacción de la locomotora trabajaba a toda maquina para tener a los pasajeros sin frío. Sudé mientrás me quitaba prenda por prenda hasta quedar con sólo la camisa verde aceituna de mangas largas. Compusé por lo tanto, mientrás observaba mis alrededores y el caballo de hierro sonaba su claxón para avisar a incautos por ahí, animales todos, un poema en inglés para matar el tiempo:

Experience


Beautiful grey
Tin made full,
of things with yore to do.

Ore melted gore,
of stuff done before.
Weighing heavy by the day.

Silver linings
In ill-advisings,
I can only now
fully appreciate.



y así transcurrió una media hora en un tren a un pueblo para tomar un bus para mí pueblo y después caminar hacia mi casa amarilla vestida de blanco por eso del hielo que cae del cielo.