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2 de febrero de 2004

de Marte y Venus

Por eso ellas viven más, nosotros los hombres estamos aún lelitos para ello. Ellas sin embargo se las saben de todas a todas. Lo que pasa es que los hombres no sabemos hablar con nuestro cuerpo, no tenemos desarrollado ese lenguaje que las mujeres llevan con sus cuerpos, para los hombres, todo es un impulso. Impulsos sexuales, impulsos de hambre, impulsos de matar.

Nosotros no sabemos hablar, por ejemplo, del dolor. Lo callamos, y si nos preguntan qué pasa hasta nos enojamos. Creo que esto se debe a que no queremos ser percibidos débiles, y por eso no le damos palabras a lo que nos aqueja. Las mujeres, sin embargo, lo quieren echar afuera, como si fuera un demonio a expulsar del cuerpo. Ellas lo comentan, lo escuchan, le ven cada punzada, cada seña que el cuerpo manda como dolor. Ellas tratan de comprenderlo. Nosotros lo ignoramos, lo que queremos hacer es desaparecerlo con el silencio, bajo el sufrimiento del vacio ese que las palabras no llenan.

Tampoco sabemos hablar de las emociones, parte crucial para poder entender el dolor. El dolor pues es un area de experiencia para la mujer ya sea física o emocional.

Aquí el operativo singular es la palabra. Ellas le ponen nombre a lo que nace de su cuerpo, nosotros lo negamos, le quitamos su derecho a existir, queremos matar ese dolor, eso es sólo nuestro impulso. Ellas tratan de entender sus causas, se ponen en sintonía con sus cuerpos, saber el por qué de su surgimiento.

Esta es sin duda una legado del machismo, querer ser fuertes nos mata a veces y por eso ellas viven más.

De por cierto tenía mucho tiempo que no me daba una migraña. Me agarró de repente, me suele empezar por el ojo izquierdo, de primero creí que era por leer tanto en el monitor, pero poco a poco me di cuenta que no era eso. Me empezó a doler la mitad de la cara y la luz me molestaba, son dolores punzantes que me hacen entreabrir los ojos pero sólo para que me duela más. Sólo hubo un remedio, dormir. Ese es mi remedio para muchos de mis dolores, dormir pero lo curioso es que casi no los hablo ni los comento y si me ven así ni me pregunten, me hacen sólo que me encabrone.