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30 de diciembre de 2003

Las chispas de la madera brincan y hasta dan truenos a veces. El calor de la fogata es especial. Curiosamente la leña que he cortado me da un cierto placer de provincia, sí, estoy en provincias, pero como soy de ciudad aún no me la puedo creer, ahí están, las flamas alzandose hacía el hoyo de la chimenea. Dando una especie de calor hogareño que nunca antes había sentido.

Unos lo mira en las peliculas ¿no? Como es que la gente prende los troncos de leña, y el calor no se hace esperar, ahí esta. Antes salía para mirar hacía arriba, el humo salía de la chimenea, era un placer ver ese humo blanco salir de ese cuadrito de ladrillos rojos y después mire en un libro como es que el humo te dice la velocidad del aire. Si esta de lado corre a tanto, si el humo se estira hacía el cielo es que esta calmado (duh!), etc, etc.

Las temperaturas están por debajo del zero ya, y lleva días así, se antoja prender leña, ver la lumbre, recibir su calor. Me encanta alimentar esa hoguera, tronco tras tronco que durante los meses de Agosto había cortado con una hacha, me preparaba para estos días. hoy disfruto de ese labor, Panchinov, mi gato se acurruca, le da sueñito, yo taipeo, pensando, añorando Tijuana y como es que esto no lo disfrutaba allá queriendo disfrutarlo allá, pero no heme here, ¿lamentación? Sí, no. ¿Observación? Sí, no. Es tan sólo la verdad, es el placer que siento, como el calor que la leña produce, pensar en mi familia, mi ciudad, también me da calor.