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9 de febrero de 2006

Lucia II

De hace mucho tiempo que se antojaba una situación así. Acompañada de los ruidos de la ciudad y el silencio que entró a su vida sin tocar puerta alguna se dispusó a leer los libros que compró. El calor del fuego le calentaba los pies y la luz del cuarto se intensificaba al paso que la noche teñía el diurno de una oscuridad nueva para ella. It is the mystery of the secret that we fear. Leyó esas palabras que acapararon sus cinco sentidos. En retrospectiva encontró curioso que la vista en esos momentos de lectura sólo tenía ojos para las letras del libro. Fundiendo letras con ojos en una sola entidad, (intimidad sonoría mejor pensó), y quizá el charm de esos días de vivir sola. La piel morena de sus dedos largos y delicados se movían con delicadeza por las hojas del libro, hasta que cayó rendida por la lectura. La fusión de los pensamientos ajenos que le hacian explorar ideas desconocidas y que le despertaban en su conciencia nuevas maneras de ver el mundo occidental terminaron por cerrarle los ojos hasta caer en un sueño sin el menor esfuerzo. Su cabellera larga y negra recaía por el costado del divan púrpura mientrás los truenos de la madera de pino soltaban chispas al rojo vivo y impregnaban el aire con el olor a bosque.

Una de las cosas que más le gustaba a Lucia, de su nueva vida, eran los amaneceres. No había resaca, o cruda como le decían en México. Extrañaba su viejo rancho, de primero Madrid era lo mejor, su vida nocturna sin igual, hasta que sin saberlo le cansó. Hoy venía acompañado el aire fresco con copos de nieve y al abrir la ventana para ver como se veía el día Lucia se dejo acariciar por el fresco amanecer, se le subió el calor de las venas a la piel de sus mejillas. El silencio de las mañanas era diferente al de las noches. Hay un inició, algo nuevo en el medio ambiente que la noche no tiene, ¿o sería quizá que el entusiasmo de aquellas noches que dejo hace mucho también le producían la misma intensidad? No, imposible, el silencio de las mañanas es menos intensificante, más si hay rutina de por medio, sí, es refrescante ver el aura de las mañanas. Lo que pasa es que antes no veía las caras descansadas de la gente, concluyó, hasta que sus pensamientos se vieron interrumpidos por la caida del periódico al suelo de madera y que al escuchar el abrir del buzón de la puerta se dio media vuelta para ir a recojerlo. Detrás de sí dejaba las huellas húmedas de sus pies marcadas en el piso.

A Lucia le causaba gracia que los periódicos hispanoparlantes tuvieren un denominador común: la sección de sociedades. Así fuere Perú, Buenos Aires o Uruguay, la sección del desfile de la clase media tenía una sección para sí sola. Por estos días así le seguía los pasos a sus amistades. Mas de una vez la palabra hipócrita le salía de su boca, debajo de la lengua, en un aire que no sabía ni como inició: los conocía a todos. Todos eran unos drogadictos, unos alcohólicos, unos aprovechados que sólo buscaban el placer. Decadencia. Le sorprendía está nueva moralidad. Antes era libre participe de estas marchas y ahora las criticaba con el aliento de su boca.

Llevaba un mes en su auto exilio, confinada por libre albedrío, a su apartamento. Varias veces escuchó como el tocar de la puerta o el timbre insistentemente le llamaban a abrir el anteportón que protegía la soledad con la que ahora convivía. No respondía.

Un día, le sorprendió que Jorge arribará a su trabajo de día, las oficinas privadas de Stenson & Stenson donde producía documentos de traducción del español mexicano al español de Madrid. Que le extrañaba. Que quería hablar con ella y ella le mintió, parto ahora mismo hacía México, lo siento, en cuanto regrese te hablo, ¿sí? Le dio un beso en la mejilla, al estilo madrleño, pero apresurado, sin emoción, iba de prisa, de largo, Jorge, casi un estorbo. Su privacidad lo era todo. No quería sexo, no quería relaciones, no quería irse de marcha, sólo quería organizarse a sí misma, saber el próximo paso a dar y se estaba dando su tiempo. Y ni quién le hiciere cambiar de opinión, así bien tuviere que mentir.


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