22 de octubre de 2004

confesiones lingüísticas de un aprendiz de sueco y una divagación metiche

Una de las dificultades con las que me he visto confrontado estos últimos 7 años en Suecia es el lenguaje. Como parlante sueco esto me conlleva a rincones incognitos del comportamiento verbal a los cuales sin más ni menos me veo vergosozamente expuesto. A diferencia de California y Baja California, Suecia, he descubierto, tiene un oido por sus vocales sui generis.

En comparación con nosotros, por lo menos aquellos que espulgamos el lenguaje del Norte de México and the Southwest de los EEUU para buscar ese hilo que nos une lingüísticamente, nos entusiasma la afición por las palabras y el fraseo particular de nuestra región. Estas últimas difieren marcadamente del castellano culto y que las clases altas utilizan para marcar las líneas y estratos sociales que los separan a ellos de nosotros, la plebe y eterna clase sin clase. Gracias a Dios las exigencias de esa clase culta poco o zero mello han hecho en nuestro lenguaje.

Las palabras que los cultos instigan a los pretenciosos que osan querer subir los escalones de la jearquía injusta, y que estos nos lo demuestran con ceño al voltear a vernos cada vez que pronunciamos esas maravillas lingüísticas, son palabras como bichi, curada, y zafos y del sudoeste de los EEUU, baika, wini, y mofle (aunque estas palabras se dan en Tijuana también) por nombrar algunas de las cientas que de seguro hay amén de que se han conservado palabras que los españoles llaman arcaícas como traibas, creibas, naiden, tan actual como si Gonzalo de Berceo o el narrador del Mio Cid estuviere aquí con nosotros, [para ver más sobre esto ver aquí y aquí.]

So nuestras palabras nos unen y si a lo mucho lo que más desdeñamos es un acento conocido en toda la república mexicana como chilango, a partir de ahí es donde el mexicano adquiere su identidad lingüística desde Chiapas hasta Tijuana-Tamaulipas. Es el Otro con el que nos diferenciamos del uno del otro y lo que nos une como mexicanos. Mas en realidad la mayoria de los defeños no hablan así. La odiada prosodía viene de Tepito. Esto lo pude confirmar durante mi estancia en el DF el pasado mes de Abril 2004. Sí se da un ligero cantadito que caracteriza a los defeños como tales pero lo que causa fricciones de orden negativo es el de mero Tepito.

Entonces nosotros los mexicanos tendemos a identificarnos en el habla por las palabras que usamos y la prosodía, o sea,los cantaditos que nos distinguen regionalmente y que me sacan a mi cuando hablo, ¿eres del norte verdad? me dicen los mexicanos que me encuentro en el exterior. Aunque en Tijuana nuestra prosodía no es netamente norteña como se le conoce a ese acento, ese priviliegio se lo llevan o los de Monterrey o los de Guanajuato (y desde que llego Fox a la presidencia uno de los acentos de mayor prestigio social en el país).

En Suecia aparte de estos dos últimos fenómenos lingüisticos se da un tercero. De los más de cien dialectos que hay en Suecia divididos en tres regiones mayores, Escania, Gotia y Svealand viene siendo el uso de las vocales las que sacan identidad y hasta en cierto grado respeto por la conservación de susodichas intonaciones.

Si en el español tenemos cinco vocales con cinco variantes de pronunciación, en Suecia hay 9 vocales las cuales dan 22 variantes de pronunciación:

So para mi es casi vergonzoso hablar sueco porque mis entonaciones de susodichas vocales rayan en lo griego. Ok, sí hablo sueco pero hay ciertas palabras que lo único que los diferencia de un sentido a otro es justo la pronunciación de la vocal, por ejemplo, vit/vitt (blanco/ancho; dör/dörr (morir/puerta). No es pues raro que un sueco al escuchar a los extranjeros que hacemos vida en medio de sus entornos se nos queden viendo por un lapso de varios segundos queriendo intentar descifrar que es lo que queremos decir cuando soltamos el rechinadero de palabras que salen de nuestras bocas al hablar y que nosotros los immmigrantes osamos llamar como sueco.

Así que en suecia no solo hay que aprenderse el idioma sino que hay que enseñarle a la lengua unas maranomías contorsionistas que jamás haya hecho y que mi pobre lengua se esmera en reproducir como enseñarle a un ruquito de 80 años ser el hombre elástico. en fin

Agregando al rollote ese sobre el español, a diferencia de España donde se dan casos de español Aragonés, Castellano y Andaluz y los cuales distinguen el ceceo, seseo y el yeísmo, nosotros los mexicanos no deparamos mucho en ello. Nótese que las divergencias fonéticas se dan en las consonantes y no en las vocales.

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