30 de junio de 2003

Ya no estoy enojado con Carlos Fuentes, estaba desencantado con él por unos comentarios que hizo en contra de Marcos, y desde entonces no lo leía. Hoy le perdone todos sus pecados y sólo porque salió una entrevista de él en Foreign Affairs en español. De la entrevista, dos puntos sobresalientes:

1.- Carlos Fuentes dice: Éste es un continente que ha padecido desde el siglo XIX una grave enfermedad que el sociólogo francés Gabriel Tarde llamó imitación extralógica. Nos preguntábamos: ¿cómo dejamos de ser indios, negros o españoles, para convertirnos en franceses, estadounidenses o ingleses a la mayor brevedad? Imitamos sus instituciones, constituciones hechas para los ángeles, no para los hombres, como dijo Victor Hugo. Entonces, adecuar las instituciones políticas a la realidad económica y social de nuestros países es el gran desafío, y como el problema viene de muy lejos hemos perdido mucho tiempo imitando un modelo tras otro. Si ése nos falla, vamos al siguiente, si también nos falla, vamos al tercero, y así sucesivamente. ¿Cuándo vamos a entender que la prosperidad se construye desde abajo? Bienvenidas las inversiones extranjeras productivas, bienvenida la cooperación económica internacional, pero si no se hace el trabajo desde abajo, a partir de la creación de un mercado interno que proporcione trabajo, infraestructura y habitación, entonces nunca vamos a salir del hoyo.

No estaría más de acuerdo, la verdad, necesitamos productos institucionales autóctonos, propios, dejarnos de imitar ya (¡!), inspirarnos si, imitar no. El problema pues yace en que miramos al futuro sin tomar en consideración al pasado aún latiente ese nuestro que vive como gente de Comala hoy por hoy.



2.- Carlos Fuentes dice: Yo siempre he dicho que la frontera entre México y Estados Unidos no es sólo la frontera entre México y Estados Unidos, es la frontera entre Estados Unidos y toda América Latina, que empieza en México. Eso quiere decir que mientras más nos acerquemos a las otras naciones latinoamericanas más fuertes seremos. Hemos jugado una carta solitaria que ha sido muy resentida por los demás latinoamericanos, pero es hora de mirar al sur.

Concuerdo, nada me ha confirmado más el poder de México como los años que llevo desterrado, he visto a México tan grande que nunca me lo hubiera imaginado así estando tan cerca de los EEUU, pero México es un poder regional fuerte del que no nos enteramos y desgraciadamente pertenece al club social del cuerpo diplomático Mexicano.


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