16 de marzo de 2003

La verdad sea dicha, y conste que no digo que la diga, me gusta ver a las mujeres. No, me encanta. Son hermosas, me gusta, y siempre veo algo hermoso en ellas. Aquí en Escandinavia me llaman la atención por la frialdad esa que muestran, parece que no, pero, se arreglan. Yo no sé como describirlas, pero hay veces que sólo su peinado les da toda la hermosura del mundo, en otras, la mirada. Caminan muy rectas, nunca se fijan más allá del interes de la curiosidad. N'ombre, por más coqueteos que les haga con la brillantez de las niñas de mis ojos ni me pelan. Así que a mi no me queda otra más que mironear. Y miro.

Ya me di cuenta que no cargan su feminidad en si. El tipo de expresar su lado femenino no es desmostrativo como en culturas hispanicas, ni tan sexys como en los EEUU, n'ombre, una caminadita por las playas de California y hacen que los ojos salgan de los huecos del craneo. Aquí no. Si a lo mucho haya por el verano, cuando celebran el Solsticio, el sol de medianoche. Entonces si, se ponen unos pantalones casi transparentes que hasta el color de los chones se ven. En otras ocasiones algunas estudiantes donde estudio se ponen pantalones tan flojos que cualquier estiradita deja ver el que tipo de calzón traen. No más. Y es que aquí las morras traen la idea de la igualdad sexual muy dentro de sus corazónes. El hombre y la mujer es igual. Es curioso ver esta demostración de no-sexualidad. Simplemente no les queda ser coquetos, n'ombre ni quien les quito eso, pero de seguro no nos ganan tampoco con eso de lo coqueto, para eso si somos muy buenos nosotros los hispanos. Aunque yo ya estoy muy enmojecido para andar en esos trasteos, de seguro hasta frio les he de causar a las mujeres hispanas ya, y es que estoy fuera de practica ....

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