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11 de diciembre de 2007

León Tolstói -traducción Isabel Vicente

Lo que es la perra puta vida. Y yo dándole de patadas a ella desde un presente cómo este.

Leo con gran interés Infancia, Adolescencia, Juventud de Tolstói, traducido por Isabel Vicente en plena Guerra Fría. El tomo proviene de Obras Clásicas de la Literatura Rusa bajo las auspicias de Ediciones en Lenguas Extranjeras de Moscú. Obras que oscilan desde la dictadura de Stalin hasta allá por los 60's cuando la cultura dejó de ser vehículo de propaganda de envergadura para la sociedad. Venga, si salen estas notas sobre cómo la cultura hasta corrumpió a unos premios Nobel de literatura, qué más saldrá adelante. Eso era creer en la envergadura de la literatura en nuestra sociedad. En fin, Isabel Vicente se llama el traductor quién a mí opinión ha logrado capturar una buena esencia de la literatura o por lo menos eso pienso ya que la lectura fluye sin menores percances como ocurriría en otras traducciones y eso es hablar bien de un traductor. Y es que es buen castellano lo que fluye en esta lectura y cuando digo castellano digo castellano de Castilla la Mancha. Algún lector mio por ahí ha de haber alzado la pestaña ante esto último leído pero sí, sé distinguir entre el español y el castellano. Sin embargo, pobre traductor, como buen cristiano, de seguro terminó sucumbido ante la cruda realidad de una labor que nada más no rindió frutos pues cayó en ese trampa del buen comunismo, y si algún día leo una biografía de un traductor, esa sería la de Isabel Vicente. Hasta la fecha no doy con una buena ficha de los datos de este personaje de la literatura rusa al español pero parece ser buen mozo o moza. Habrá que investigar más al respecto y consultar fuentes ineditas al respecto ya que promete mucho pues tal parece que el o la traductora se chuteó buenos tomos de la literatura rusa al castellano.

Acabo de terminar de leer Infancia, un capítulo que empecé en Tijuana allá por julio del corriente [no yo, sino del año pues] cuando andaba dándole vuelo a la hilacha como buen gringo en Tijuana. Mas retrocedamos un poquitín. El tomo lo recibí de mi único buen amigo de infancia, José Virgén, un tijuanense de buena ralea nacido en Mazatlán quién no le da vergüenza reconocer sus raíces y aún así llamarse tijuanense. Este tomo cruzó la frontera entre Tijuana y San Diego varias veces antes de emprender el vuelo a Suecia y una escala en el DF. Antes de eso no sé cómo terminó en Tijuana pero ahora está cerca, de nuevo, de las impresas que lo vieron nacer, quizá ahora esa imprenta ni exista ya. Lo malo del tomo es que no hay detalles de fechas e imprenta de él al respecto.







En fin, la traducción es una fiel copia de lo que quizá nuestro buen Tolstói quizó decirnos con su infancia. Aquí no hace falta subrayar las raíces mediaclaseras del autor ruso, jode, pertenecía a una clase alta y en su autobiografía que se considera como un tomo culto entre las grandes masas de los que se ufanan de ser cultos. El tomo en sí tiene valor histórico pero no mucho más que el documento que la esclava de Incidents In The Life Of A Slave Girl
por Harriet A. Jacobs nos demuestra allá por aquellas mismas decadas que Tolstói vivió, venga, el libro es culto porque ensalza los valores medioclaseros de las dizque buenas costumbres, esa eterna aspiración que algunos siempre desean retroceder o retornar al presente. La infancia de Tolstói se basa meramente en aludir a los buenos sentimientos de la gente que lo lee por estos siglos nuestros. Pero la verdad es que leer a Tolstói en este milenio es como leer a De Sade en los tiempos de Jesucristo, jode, o sea que no hay manera de chutearse el tomo sin tomar en consideración cómo es que los criados son tratados, quizá eso salve el tomo, después del todo, a lo mejor y Tolstói eso quizó, realzar la condición de los criados en los tiempos de los Romanov en una casa mediaclasera como la de él dizfrazándola como una narración de buenas costumbres clasemedieras llenas del espíritu santo y buenos ejemplos judeo-cristianos. Y es que los criados, a pesar de sus buenas intenciones no eran más que esclavos de las emociones de otros superiores a ellos, una especie de siervos esclavizados a un orden de predestinación que no les permitía salir de su circulo social debido a su condición social. Una condición peor que la feudal pues.

Hay que comentar que entre tanta letra de Castilla se escucha la voz de Tolstói. Me imagino mucho la óptica en que retrocede para comentar su infancia y ahí veo lo diestro que es Tolstói para manipularnos a creer en algo, o hacernos ver lo que él quiere que nosotros veamos, y ahí, como todo buen escritor, Tolstói merece todo mi respeto. Ahora vamos por Adolescencia.



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