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13 de julio de 2007

tvilling

Tijuana me gusta para que sea Géminis y no Cáncer como lo es hoy por hoy. Algún juego cínico por ahí de los que regulan la corriente brava oficial de la city. No, y ni me aleguen ya, todavía guardo emociones contrarias al respecto por la mugre legislación esa de Tijuana Heroica y cómo distorsionan a los hermanos Magón. Yo digo que es Géminis, como yo. El gemelo, aunque por ahí haiga más de una etimología que sustente que gemelo es dos, la realidad es tan singular como las personalidades de las personas o el humor que uno puede contraer en las burras de la city.

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Dicen que hay mucha gente que se queda en la frontera. Y es que no saben navegar el mar de personalidades que se necesitan aquí para poder sobrevivir medianamente a diferentes horas del día y noche. Hay que saber jugarla. Se quedan en la frontera de sus limites que tienen sus personas.

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He recorrido Tijuana. He estado en Playas, el Pedregal de Santa Julia, La Mesa, Grupo México, la Milenio, recorrido partes del Soler y caminado por los rumbos de los Olivos. Incluso he visto ya los headquarters del Frontera. El Centro pues ni se digo. He caminado bastante. He viajado en carro bastante y como este se deslizaba en muchas carreteras amplías y bien estructuradas. Piensan en grande allá por la other tj.

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Se veía a leguas. Entusiasmados por el presente del pasado muchos mexico americanos se mesmeraban con las danzas de los aztecas. Se detenían a tomarse la foto y comían admirados de todo el acontecer de lo que significa merodear el celebre Zócalo de la capital de la federación. Ese tipo de turismo se me es interesante porque llena un espacio mental hasta el hartazgo de satisfacción. Tengo tiempo que me deshice del hipnótismo que pesa sobre la conciencia mexicana la semiótica Azteca- Maya. No se me es extraña pero en realidad no es la mía, lo mío por desgracia si apenas le voy rascando la superficie de eso de ser Baja Californiano. Por igual, el turismo norteamericano viene a llenar ese hueco de la fantasía que une la realidad con la imaginación hinchada de lo que a diario cocinamos en nuestros vientres de identidad tanto del Otro como el del Uno. En estas mismas rayas afirmo ser víctima de este fenómeno, por primavera vez me doy cuenta del tipo de turismo al que yo soy más asiduo. Tijuana. Tijuana y su sintáctica del imperfecto del dauntaun y el volátil futuro imperfecto de la Otra Tijuana.

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El Revolver es un local cerca de mi. Las noches por lo regular hay música. Me he tomado un té verde y un chocolate para ver que show. Me he sentido fuera de lugar. No conozco a nadie mas los tocadas son buenas. A veces los escucho por la ventana ya cuando los taqueros dejan de darle de cortar a la carne, los músicos improvistos, trovadores de solistas que quieren llenar la magia de comer tacos en Mexico y se van como vienen, los puestos desaparecen y el tráfico disminuye, solo así disfruta uno esos ruidos que llaman al sueño y en vez de ir al Dandy’s me detengo ahí. No he logrado comprender del todo a la gente de ahí, no estoy seguro de que lo haré. La Libertad se ve muy bien desde donde estoy y la hilera de montañas me recuerdan mucho a Iztaccíhuatl.

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Me encuentro haciendo varias lecturas al mismo tiempo. Leon Tolstoi, Infancia adolescencia y juventud. Está traducido al español y por principio lo desdeñe pero la traducción es satisfactoria, Isabel Vicente estuvo a la altura del trabajo. Llano en Llamas de Rulfo el cual me está dejando el ojo cuadrado, Spioner Emllan de Tore Forsberg y Boris Grigorjev en sueco del cual pronto daré una recensión. He empezado The Tale of Genji Arthur Waley’s translation of Lady Murasaki’s masterpiece (1007-1010 ad) suculenta y dulce en todo s esplendor en vigencias como el libro de Tolstoi anteriormente mencionado y uno que compré hoy titulado Cutting for sign de William Langewiesche sobre la frontera entre México y EEUU, una especie de narración-ensayo sobre los símbolos de acceso al Southwest type.