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11 de julio de 2007

La luz del poste caía sobre la sombra. Caminaba por las curvas de la luz que daba el farol de la calle H. Impulsado, mis pasos tocaban con ritmo la superficie de la banqueta cada que no había luz. Las voces no se hicieron esperar. Unos sombreros Stettson a lo lejos indicaban una normalidad común. Deslizaba entre ellos, mirando más que nada. Abrí varias cortinas de varios tugurios cuyos personajes volteaban a ver al escuchar el conocido silencio que produce una presencia nueva. Martes. No daba con el fervor de la busqueda. Mis piernas guidas. Unas tecates después la pausa dió inicio. Unas amistades capturadas por las manillas del reloj lograron detener mi paso. Intercambiamos mutuos deseos de bien en espacio de unos segundos whiskies. Segundos y minutos de charla inocua prosiguieron el encuentro de las nueve. Risas de buena gana y sonoras hacían eco en las cuevas del volcan de emociones. Mi mente se concentraba sin prestar atención. La música era parte del soundtrack típico de Tijuana. De vez en cuando, sin embargo, un pensamiento lograba sacarme de la charla. Es ridículo pero sí, quisiera marcar ese número. Mas de una vez pasó por mi testa pero mis intenciones no se gestionan. Ya no son tiempos de aquellos me retumba por la chompa. Y así.

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Casi no he tocado Tijuana. Mis dedos no recorren sus paredes, las yemas sin poder absorber el látido del centro. La vida cursa igual constate, mis amigos a un ritmo desacelerado. La ciudad presenta varias imágenes interesantes. He tratado de tomar varias fotos de ello pero creo que el resultado es pésimo. Son situaciones cotidianas más allá de lo típico que aparece en los medios. Me gusta mucho la entrada a la Otra Tj. Se ve a leguas que hay planificación, calles anchas y negocios nuevos por doquier. Tarde que temprano, se la malicia más de uno, habrá que dividir la ciudad.

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Escuché con atención la entonadita que la cajera del Calimax enunciaba. Era de Sinaloa.

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Los escritores raramente son el blanco de los chismes. Este tipo de artista no es como su contraparte de medios televisivos. A esos les siguen cada paso que dan. Los forjadores de palabras con esto del blog demostró un rechazo a que se le siguiese cada letra que el escritor da. Lástima que la unica manera de lograr tales hazañas algunos escritores tengan que tener el peso de la muerte en encima.

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