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9 de julio de 2007

Cruising Chula Vista a tad.

Veo una comunidad más relajada en la cuestión lingüística.

Uno se deja llevar por lo que dicen los medios cuyos esterotipos abundan y opacan el ámbito social con una especie de hollín urbano; poder escuchar una plétora de voces de la torre de Babel en ésta ciudad moderna sanduiegina es causa de sorpresa. Esto suguiere que existe una especie de seguridad en uno mismo que no había visto antes por estos lares.

Estoy consciente de la presión lingüística entre el inglés y el español en esta área de SD. Una de las señas más obvias de ello es la constante falta de ortografía en los letreros de anuncios tanto de firmas grandes de los EEUU como de los individuos que componen esa sociedad. Este disinteres for corregir errores en la lengua es seña que indica lo extranjero y ambas lenguas regularmente hacen uso de esta forma de atraer el criticismo lingüístico para definir algo rasgo de identidad.

La presión de abanderar un idioma pesa de manera exagerada por estos rumbos porque hay que escoger lados, o se es de aquí o se es de allá. Mas hay una presión negativa en particular y esas son las opiniones que se forman entorno a las supuestas cualidades del idioma que se habla, que si se es culto o no o que mejor se decidan por uno o por el otro.

La presente ironía en las campañas lingüísticas como el de English Only es que argumentan que para triunfar en los Estados Unidos se requiere del inglés. Hay pocas libertades individuales coartadas en los EEUU y una de esas es la libertad de escojer el idioma que uno quiera hablar en paz y calma. Y es que en los EEUU hablar otro idioma es sinónimo de traición. De hecho son pocas las personas que navegan el mar del bilingüismo en Tijuana y San Diego a pompa y vela sin sentir remordiminetos por esos sentidos de culpabilidad que las maquinas propagandistiscas del DF y Washington insisten en recordarnos lo inculto que somos. Me preguntaba un amigo sobre este simil que acabo de utilizar. Y dijo que si no podía haber algo más cercano para localizar la metafora un poco más. Le contesté que Mexicali no sufre de la misma presión el peso lingüístico de hablar español como idioma que Sacramento [cuestiones y problemas en los dialectos es otro ajetreo lingüístico] ya que los gringos son los que sienten la presión del español. En California hay que integrarse a la sociedad; en BC no. En Baja California mandamos mucho a su a los que llegan con sus mamadas de sentirse superiores. No estamos a la defensa acá, pero allá la cuestión es existencial. La ironía otra vez pues, ya que en California se puede tener éxito sin inglés y eso les duele mucho a bastantes.

Yet Chula Vista is so much more. Ahí lo que me gusta de los mexicanos es esa seguridad en sí mismos cuyos cimientos de identidad están sólidos. De hecho existe una franja que es entre esa seguridad en la identidad y el inicio del canto de que es necesario saber inglés para tener éxito en California. Las caracteristicas son sencillas de reconocer, por ejemplo, los hispanos empiezan a dejar de ser seguro en si mismos y ocultan bajo un velo lígero el hecho de que uno es más de acá que de allá en el sentido de que dar indicios de la nacionalidad de uno. El Good morning, hey, smiles and all that shebang that tags along the morn as passerby’s meet is the police that regulates the fabric of the US. One is expected to start applying certain cordial chores to reenforce this identity.

Recuerdo mis experiencias lingüísticas en California con nitidez singular. En la mayoría negativas y es por eso que uno trae consí esa visión difusa al respecto. Siempre me daba cierto espasmo de angustia verme balbuceando español o limitando las situaciones en que me veía usando el idioma de Cervantes.

English was the mask that thinly veiled my true and hidden identity. My security blanket. Esto era lo común en mucha gente que se refugiaba en el inglés para aparentar que “uno era de aquí”.

Es por eso que me sorpendre la soltadura de hablar multiples idiomas en Chula Vista. La gente me parece que ya no se preocupa en lo minímo por el arte del fingir.

En lo personal, hace mucho que superé ese agachismo que nos caracteriza a ciertos mexicanos al hablar español en California. Los agachados eramos cuidadosos de evitar una mala pronunciación en las palabras ingleses, tunefined for phonological excelency. Es bonito no sentir la brocha del extranjerismo pasar por la vida cotidiana de uno. Sí hablo español, sí, hablo inglés, y qué? No temerle a la cultura anglosajona de los EEUU es refrescante en estas calenturas. Ignoro a los gringos, sus gritos exagerados y ese aire de superego que tanto daño le causa a la sensibilidad mexicana que no tolera esas expresiones de prepotencia en el tú comun de los gringos. Me parece que la región está adquiriendo una madurez que es más que bienvenida ya.

Recuento. Entre este bullicio de linguas francas a la región broto una palabra spanglish como fauna de la tierra, “quaiyate”. Esta palabra es una especie de meztisaje o como se le dice en inglés, blend. Proviene de la palabra en inglés quiet, que quiere decir silencio y la palabra cállate en español. Se utiliza como sinónimo de cállate más que nada ya que se usa en el imperativo.



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